La Ofensiva de Brusilov

  Desde la caída de Varsovia y la conocida como Gran Retirada rusa a finales del verano de 1915, no se llevaron grandes acciones en el frente oriental entre alemanes, austrohúngaros y rusos. De hecho, el alto mando alemán consideraba que los rusos habían quedado prácticamente derrotados tras el número de prisioneros y bajas sufridas el verano anterior. Creían que los rusos eran incapaces de llevar a cabo ninguna ofensiva. Tal era la confianza en ese sentido, que Erich von Falkenhayn decidió trasladar hombres y armamento del frente oriental al occidental durante el invierno de 1916. El jefe del estado mayor austrohúngaro, el conde Conrad von Hötzendorf, también se vio lo suficientemente confiado como para trasladar grandes contingentes de tropas al frente alpino, para proseguir con los avances contra los italianos.

El nuevo rodillo ruso

  Pero ambos comandantes se equivocaban. A pesar de las perdidas y de la mala situación en que se encontraba el ejército ruso en el otoño de 1915, su espíritu combativo aún se mantenía, y aprovechando la tranquilidad del invierno y de la primavera de 1916, Rusia comenzó a rearmarse. Llegaron nuevos reclutas que suplieron las bajas sufridas en los dos años anteriores. Las fabricas producían unos 100.000 fusiles al mes, y otros muchos más llegaban gracias a la ayuda de sus aliados.

  A pesar de este rearme, los rusos aún estaban un poco lejos de ser una fuerza realmente operativa, pero a comienzos del año los generales empezaron a planear una nueva ofensiva para el próximo verano. Este nuevo ataque debía coincidir con la gran ofensiva que británicos y franceses preparaban para el Somme, así como los ataques que los italianos tenían pensado lanzar en el Trentino.

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El frente oriental en 1916.

  Pero todo este plan se vino abajo cuando en febrero Falkenhayn lanzó su ofensiva en Verdún. La tan esperada ofensiva anglo-francesa se había visto comprometida, los italianos sufrían un nuevo revés en los Alpes y la situación de los franceses se tornaba desesperada. Ante esta apremiante situación los aliados imploraron a los rusos que iniciaran su ofensiva lo antes posible para aliviar su situación en el frente occidental. A pesar de que el ejército ruso aún no estaba preparado para una operación de gran envergadura, se lanzaron al ataque sin pensarlo en ayuda de sus aliados, como ya habían hecho precipitadamente en el verano de 1914.

  El plan inicial ruso que debía coincidir con la ofensiva anglo francesa en el Somme consistía en un ataque de unas 26 divisiones en un frente de unos 40 km al noroeste de Minsk. Las incesantes solicitudes de alivio del frente occidental hicieron que los rusos lanzaran una imperiosa y limitada ofensiva en las zonas pantanosas cercanas a Vilna, lo que se daría a conocer como batalla del lago Naroch. El 18 de marzo, tras una cortina de fuego previa, unos 75.000 soldados rusos se lanzaron al asalto, pero los alemanes, conscientes de los movimientos enemigos durante las semanas anteriores, les estaban esperando. El 14 de abril, tras sufrir unas 100.000 bajas y no haber conseguido apenas ninguna conquista del terreno, la ofensiva se detuvo por completo.

Un general impulsivo

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General Alekséi Brusilov.

  A pesar del desastre del Naroch, la Stavka estaba decidida a realizar una nueva ofensiva de gran envergadura, la cual fue preparada para ser lanzada en verano, al mismo tiempo que los británicos atacarían en el Somme. El general Alekseyev, jefe del estado mayor ruso, valoraba realizar una ofensiva de gran envergadura similar a la ofensiva en Naroch, pero esta vez se realizaría al norte de la zona pantanosa de Prypiat, al norte de Kiev. Las razones para lanzar ese ataque se basaban en que los ejércitos rusos tenían clara superioridad numérica en ese sector; además este punto era la zona que dividía los sectores ocupados por el ejército alemán al norte y el ejército austrohúngaro al sur. Mientras tanto, para evitar que los imperios centrales pudieran mover refuerzos desde el sur, se esperaba que el recién ascendido general Alekséi Brusilov, a cargo del Frente Sudoeste, realizara ataques de tanteo sobre su sector.

  El impulsivo general Brusilov insistía sobre su idea de lanzar la principal ofensiva al sur del Prypiat, avanzando a lo largo de un frente ancho con los 4 ejércitos de los que disponía, sobre la región de Galitzia, asegurando que pillaría al enemigo totalmente por sorpresa.

  La Stavka aún estaba debatiendo que planes llevar a cabo cuando a finales de mayo el propio rey italiano Víctor Manuel III escribió un telegrama urgente al Zar, para suplicarle que hiciera todo lo posible para ayudarles frente a los reveses que estaban sufriendo contra los austrohúngaros en el Trentino. La Stavka consideró apremiante que se realizara alguna acción que hiciera que los austrohúngaros no solo no pudieran enviar nuevos refuerzos al frente italiano, sino que les obligara a mover tropas desde el frente alpino. Brusilov les informó que estaba lo suficientemente dispuesto para lanzar su ataque en junio como podría estarlo en julio, por lo que el alto mando ruso le dio libertad de acción para atacar sobre la región de Galitzia y el sur de la Polonia rusa.

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Soldados rusos.

  Sus fuerzas estaban compuestas por el VIII Ejercito del general Kaledin, el XI de Sakharov, el VII de Scherbachev y el IX de Lechitski. Frente a ellos se encontraban el IV Ejercito austrohúngaro del archiduque José Fernando, el I Ejercito de von Brulog, el II de Böhm-Ermolli, el VII de von Pflanzer-Baltin, y elementos austriacos y alemanes del ejercito de von Linsingen. Brusilov no se encontraba en clara superioridad numérica en su sector, tenía 38 divisiones frente a 37 del enemigo. Hasta el momento la guerra de trincheras había demostrado que para realizar un asalto exitoso sobre el frente enemigo se necesitaba contar con una superioridad de al menos 3 a 1. Pero a pesar de esto Brusilov estaba confiado para el ataque, pues contaba con un factor determinante, el elemento sorpresa.

  Su plan se basaba en lanzar a sus 4 ejércitos a la vez a lo largo de un frente amplio de unos 300 km, para obligar a que el enemigo no pudiera mover sus tropas de un lado al otro. Se trazaron los planes para lanzar el ataque el 4 de junio, realizando pocos preparativos previos para que los austrohúngaros no sospecharan absolutamente nada y la sorpresa fuera total.

  Para que la sorpresa fuera aun mayor, Brusilov decidió no seguir el planteamiento convencional hasta el momento de atacar con una descarga de artillería previa de varios días para romper las líneas defensivas del enemigo. En su lugar se preparó un bombardeo muy breve, que debía concentrarse en determinados puntos estratégicos. A priori este plan alarmó a los mandos rusos, puesto que las defensas austrohúngaras en algunos puntos del frente eran de hasta cinco trincheras de profundidad.

El fin del ejército imperial

  El 4 de junio fue la fecha fijada por Brusilov para lanzar el ataque. Tras una breve descarga de artillería, más de medio millón de soldados rusos salieron de sus trincheras a lo largo de un frente de 320 km. El ejército imperial austrohúngaro fue pillado totalmente por sorpresa.

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General Alekséi Kaledin.

  El golpe más fuerte se dio en el norte, donde se encontraba el flanco derecho de Brusilov, ocupado por el VIII Ejercito de Kaledin. Con casi 100 batallones, sus hombres se lanzaron sobre un frente de 40 km en la zona de Lutsk, contra el IV Ejercito del archiduque José Fernando. Este sector era uno de los mejor defendidos, pero la sorpresa del bombardeo previo de 5 horas, y el ataque de la infantería rusa a las 9 de la mañana pilló a los austriacos totalmente desprevenidos. Al anochecer la mayoría de las posiciones se habían visto sobrepasadas, y el IV Ejercito se derrumbó por completo. Para el 6 de junio los rusos habían cruzado el rio Styr y habían ocupado Lutsk, mientras los restos del IV Ejercito se batían en retirada. En este sector los rusos capturaron unos 50.000 hombres.

  En el sector central, donde se encontraban el XI y VII ejércitos rusos también se realizaron avances, pero no tan profundos como en el norte. Esto pudo deberse a que el general Scherbachev, al mando del VII Ejercito, alargo considerablemente el bombardeo inicial, por lo que la sorpresa del ataque fue menor. En el sur el IX Ejercito de Lechitski también avanzó sobre la región de Czernowitz, capturando unos 10.000 soldados del VII Ejercito de Pflanzer-Baltin.

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El frente oriental antes y después de la ofensiva.

  A lo largo del mes de junio los 4 ejércitos rusos avanzaron a lo largo de 100 km, ocupando las principales ciudades de la región, y capturando cerca de unos 350.000 soldados enemigos, junto con más de 400 piezas de artillería. La Stavka decidió que los planes para una ofensiva en el norte debían pasar a un segundo plano, y todos los refuerzos y suministros se enviaron a Brusilov para que prosiguiera su avance sobre el desordenado ejercito austrohúngaro.

Una victoria pírrica

  Ante la terrible situación, tanto Falkenhayn como Conrad se vieron obligados a enviar refuerzos desde el frente occidental y desde el Trentino respetivamente para frenar la acometida rusa. Aunque Brusilov seguía avanzando, sus líneas de suministros cada vez se alargaban más. A finales de julio los alemanes tomaron en el mando de todo el frente y prepararon una enconada resistencia, especialmente en el ala derecha de Brusilov, pero este, recibiendo presiones de la Stavka, prosiguió con sus avances, hasta llegar en el sur a los Cárpatos, estirando enormemente sus líneas de abastecimiento. Esto, junto con una defensa cada vez más fuerte, hizo que las bajas rusas fueran en aumento. A principios de agosto esta cifra alcanzaba ya los 450.000. A mediados del mes, 18 nuevas divisiones alemanes fueron transferidas al frente. Finalmente, la ofensiva de Brusilov se dio por terminada.

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Brusilov pasa resvista a sus tropas. Foto seguramente tomada en 1917.

  A pesar de haber ocasionado a los imperios centrales unas bajas cercanas al millón y medio entre muertos, heridos y prisioneros, la ofensiva no consiguió ser decisiva, al igual que todas las batallas de la guerra libradas hasta el momento. Pero algunos objetivos si se vieron cumplidos. Los alemanes se vieron obligados a retirar un gran número de tropas del frente occidental que hubieran podido jugar un papel determinante en Verdún o el Somme. Por otra parte, la ofensiva de Brusilov animó a que Rumania entrara en la guerra del lado de los aliados a finales de agosto.

Bibliografía:

  • Livesey, Anthony: Grandes Batallas de la I Guerra Mundial. Editorial Optima, Madrid 1995. ISBN 84-95300-26-5.
  • Neiberg, Michael; Jordan, David: History of World War I; The Eastern Front 1914-1920. Amber Books, London 2003. ISBN 0-415-96841-0.
  • Parker, Geoffrey: Historia de la guerra. Akal, Madrid, 2010. ISBN 84-460-2560-3.

 

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