Archivo de la categoría: Frente Oriental

La Ofensiva de Brusilov

  Desde la caída de Varsovia y la conocida como Gran Retirada rusa a finales del verano de 1915, no se realizaron grandes acciones en el frente oriental entre alemanes, austrohúngaros y rusos. De hecho, el alto mando alemán consideraba que los rusos habían quedado prácticamente derrotados tras el número de prisioneros y bajas sufridas el verano anterior, creían que los rusos eran incapaces de llevar a cabo ninguna ofensiva. Tal era su confianza, que Erich von Falkenhayn decidió trasladar hombres y armamento del frente oriental al occidental durante el invierno de 1916. El jefe del estado mayor austrohúngaro, el conde Conrad von Hötzendorf, también se vio lo suficientemente confiado como para trasladar grandes contingentes de tropas al frente alpino, para proseguir con los ataques contra los italianos.

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La Gran Retirada Rusa.

  El frente oriental se había mantenido prácticamente tranquilo desde la batalla de Lódz en diciembre de 1914, salvo pequeñas acciones llevadas a cabo en febrero de 1915 por parte de Alemania para expulsar a todos los soldados rusos que habían conseguido penetrar en una pequeña franja de terreno de la Prusia oriental. El fracaso de las grandes ofensivas y la llegada del invierno frenaron todos los intentos de avanzar por parte de rusos, alemanes y austrohúngaros. Las ofensivas en este frente habían dejado claro que el ejército austrohúngaro distaba mucho de ser un arma efectiva que pudiera hacer frente a la apisonadora rusa, sobre todo tras la debacle de la campaña en la región de Galitzia. El alto mando alemán fue consciente, tras la batalla de Lódz, que si querían evitar la salida de su aliado de la guerra deberían enviar nuevos ejércitos a este escenario, y así lo recordaban insistentemente los generales Hindenburg y Luddendorf al jefe del estado mayor alemán, el general Erich von Falkenhayn, quien consideraba que la victoria en esta guerra dependería de lo que ocurriera en el frente occidental y no en el oriental.

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Nuevo Avance en el Este: La Batalla de Lódz.

  Mientras que en el frente occidental, tras el fracaso de las operaciones del Plan Schlieffen, von Falkenhayn preparaba a sus ejércitos para lanzar una nueva ofensiva con la que ocupar los puertos del Canal, en el este los rusos se preparaban para lanzar una nueva ofensiva. A pesar de la gran victoria que supuso para los alemanes la batalla de Tannenberg, la debacle sufrida por sus aliados austrohúngaros durante la campaña de Galitzia y las noticias del avance de nuevas fuerzas rusas amenazaba con hacer cambiar las tornas. Max Hoffman, el jefe de operaciones de Hindenburg, escribía el 8 de octubre: “Aquí todo está bien… salvo los austríacos. ¡Ojala esos sujetos se pusieran de una vez en marcha! Han dejado que el éxito que les trajimos se les escape de las manos.”

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El Aliado Enfermo de Alemania. La Campaña de Galitzia.

  Tanto en la Primera Guerra Mundial como en la Segunda, Alemania se caracterizó por contar con aliados militares potencialmente mucho más débiles, que les trajeron más quebraderos de cabeza que ayuda y apoyo militar. En la Segunda Guerra Mundial fue la Italia de Benito Mussolini, y ya en la Primera fue el Imperio Austrohúngaro.

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Nueva Victoria en el Este. La Batalla de los Lagos Masurianos

  Tras la derrota y aniquilación del Segundo Ejército ruso de Samsonov en la batalla de Tannenberg, Hindenburg y Luddendorf, al mando del Octavo Ejército alemán, decidieron aprovechar la situación en la que se encontraban, con la moral de sus tropas altísima en comparación con la de los rusos y una igualdad numérica, para ordenar un giro y enfrentarse al ahora solitario Primer Ejército de Rennenkampf. El ejército alemán, ahora reforzado con las unidades trasladadas desde el oeste, contaba con un total de 21 divisiones, 18 de ellas de infantería y 3 de caballería, igualando el número de efectivos con los que contaba Rennenkampf.

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¡Llegan los Rusos! La Batalla de Tannenberg.

  Cuando el conde Von Schlieffen trazaba las líneas de su plan militar para Alemania en 1905, era muy consciente de que en la próxima guerra europea su nación debería luchar en dos frentes separados por miles de kilómetros, contra los franceses en el oeste y los rusos en el este. A pesar de tener que librar este tipo de guerra, tanto Schlieffen como los altos mandos militares posteriores confiaban en que esto no supusiera un gran problema. Debido al tamaño del Imperio Ruso y de la debilidad de su sistema ferroviario, su movilización sería lenta, dándoles el tiempo suficiente para derrotar a los franceses y luego enviar a sus tropas rápidamente hacia el este gracias a su excelente sistema de comunicaciones para enfrentarse a los ejércitos rusos. También se esperaba que su aliado, Austria-Hungría enviara tropas para combatir a los rusos.

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