Operación Faustschlag: La Guerra de los Once Días

  Tras la ofensiva de Brusilov, lanzada en el verano de 1916, no se habían producido grandes combates a lo largo del frente oriental. Desde entonces los alemanes habían tenido que concentrar casi todos sus recursos para frenar las acometidas aliadas en Francia y Bélgica, teniendo que enviar sus refuerzos y suministros al Somme, el Chemin des Dames, Passchendaele o Cambrai, mientras que los austrohúngaros estaban enfocando todos sus recursos militares en apartar a los italianos de la guerra en el frente alpino.

Trotski llegando a Brest-Litovsk en diciembre de 1917.

  Los rusos por su parte se encontraban a comienzos de 1918 en una situación de caos total tras la Revolución de Octubre. Tras la llegada al poder de los bolcheviques, encabezados por Lenin y Trotsky, se anunció que daban por acabada la participación de Rusia en la guerra. El 3 de diciembre de 1917, en la ciudad de Brest-Litovsk, se iniciaron las primeras negociaciones de paz entre Rusia y las potencias centrales.

Brest-Litovsk

  Los imperios centrales, especialmente Alemania, sabedores de la situación caótica en la que se encontraba sumido el país, y la posición débil que tenían los bolcheviques, estaban decididos a llevarse una gran parte de porción del pastel que suponían los vastos territorios rusos. Desde el comienzo de las reuniones los alemanes manifestaron claramente su intención de quedarse con aquellos territorios que habían ocupado a lo largo del conflicto, zonas que incluían amplias regiones de la actual Polonia y buena parte de los países bálticos.

  Para Trotski y los bolcheviques era imposible aceptar semejante acuerdo, pues suponía la perdida de una parte importante del territorio ruso y de sus recursos naturales, pero decidieron no mostrarse reacios a negociar, estaban decididos a no volver a combatir. Por su parte, los generales alemanes tampoco querían reanudar los combates en el este, de hecho, ya habían comenzado a trasladar varias divisiones hacia el frente occidental, donde les eran de vital importancia.

General Max Hoffman.

  Trotski intentó alargar las negociaciones todo lo posible, mientras en San Petersburgo (rebautizada como Petrogrado), Lenin y el resto de los dirigentes bolcheviques debatían si aceptar las exigencias alemanas, sabedores de que su renuncia podría reanudar las hostilidades. Ante un nuevo ultimátum alemán, Trotski optó por retirarse definitivamente del encuentro, anunciando la desmovilización total de las fuerzas rusas el 28 de enero. El 17 de febrero se dieron por rotas las negociaciones entre bolcheviques y alemanes, al seguir negándose los primeros a aceptar las demandas imperiales. Ese mismo día, el general Max Hoffman escribió en su diario: “Mañana vamos a comenzar las hostilidades contra los bolcheviques. No hay otra solución; de lo contrario, esos brutos van a limpiar a los ucranianos, los finlandeses y los baltos y después rápidamente van a reunir un nuevo ejército revolucionario y van a convertir toda Europa en una pocilga”.

  Ese temor a la extensión de la revolución era un hecho en muchas partes del continente europeo, ya que las ideas revolucionarias estaban encontrando un rápido acomodo entre aquellas partes de la sociedad y del ejercito que comenzaban a estar verdaderamente cansados de la guerra. En Alemania por ejemplo se produjeron manifestaciones en fábricas de varias ciudades, suprimidas con el establecimiento de la ley marcial.

Se reanuda la guerra

Tropas austrohúngaras entrando en una ciudad ucraniana.

  Finalmente, el 18 de febrero, 52 divisiones alemanas y austrohúngaras atravesaron la línea que se había establecido en noviembre con el alto el fuego y se dirigieron hacia el este, con 3 ejes de avance principales, uno hacia Estonia en el norte, otro grupo por el centro con dirección a Smolensk, y el grupo del sur con su objetivo puesto en Kiev. Siguiendo las líneas del ferrocarril ruso, las tropas de los imperios centrales llegaron rápidamente a las afueras de Riga en el norte y ocuparon Daugavpils, importante enclave estratégico por su nudo ferroviario, mientras que en el sur entraban triunfalmente en Lutsk. Los avances de los imperios centrales se producían a gran velocidad, ya que la mayor parte de las fuerzas rusas habían sido desmovilizadas.

  A Lenin y los bolcheviques no les quedaba otra opción que aceptar las demandas de Brest-Litovsk, y así se lo hicieron saber a Hoffman en un telegrama enviado el 19 de febrero. Pero ahora los alemanes no tenían prisa, Rusia se abría ante ellos, por lo que Hoffman contestó que la aceptación de las condiciones debía ser confirmada por sus mandos y ser recibida a través de sus propias líneas de comunicación.

Soldados alemanes en Kiev.

  El 20 de febrero, las divisiones alemanas y austrohúngaras prosiguieron con su avance. El grupo central entró en Minsk ese mismo día, capturando casi 10.000 soldados rusos. Al día siguiente Lenin envió formalmente su solicitud por escrito al gobierno alemán, pero estos respondieron el 23 que la situación había cambiado, y les exigieron unas condiciones mucho más duras, sabedores que se encontraban en una posición de clara superioridad para negociar. Entre las nuevas exigencias, por ejemplo, estaba una reclamación turca para la devolución de las regiones de Ardahan y Kars, anexionadas por los rusos en 1878.

  El 24 los alemanes lograron grandes avances en la región del Báltico, llegando a la base naval de Reval, donde los bolcheviques se vieron obligados a hundir una decena de sus propios submarinos para que no cayeran en manos alemanas. Al día siguiente las tropas alemanas alcanzaban las afueras de Narva. En el sur, en Ucrania, el avance era similar, llegando el día 24 a la importante ciudad de Zhytómyr.

Territorios perdidos por Rusia. Foto de: Dove.

  Mientras, en Petrogrado, Lenin y Trotsky debatían con el Comité Central la necesidad de aceptar las duras condiciones alemanas, o toda la integridad territorial rusa se vería afectada. La delegación soviética regresó a Brest-Litovsk el 28 de febrero para reanudar las negociaciones y aceptar los términos de la rendición. Pero esto no era excusa suficiente para Hoffman de cesar el avance de sus tropas, las hostilidades solo cesarían, según él, cuando el tratado fuera firmado. El 1 de marzo, mientras los representantes de los imperios centrales y los delegados bolcheviques se sentaban a negociar, las tropas de Hoffman proseguían con su avance y el 2 de marzo entraban en Kiev. Mientras, en el Báltico, los soldados alemanes sobrepasaban Narva y se encontraban a tan solo 136 km de Petrogrado. En apenas 10 días, habían avanzado cientos de kilómetros en todos los sectores, capturado unos 60.000 soldados rusos, y 2.500 piezas de artillería, piezas que serían muy útiles para los alemanes en el frente occidental.

Fin de la tormenta en el este

Tratado de Brest-Litovsk.

  El 3 de marzo, a las 5 de la tarde, se firmó el tratado de paz ruso-alemán que ponía fin a la guerra entre Rusia y los imperios centrales. Los bolcheviques, ante la dura realidad de la guerra y la situación interna que se vivía en el país, no habían tenido más opciones que aceptar las duras demandas. Estas incluían la renuncia a las regiones bálticas, Polonia, la llamada Rusia Blanca (Bielorrusia), Besarabia, Ucrania, Finlandia y regiones del Cáucaso. En total, Rusia perdía un tercio de su población, una tercera parte de sus tierras cultivables y una gran cantidad de recursos naturales, como sus fuentes de carbón o níquel. Además, los rusos tuvieron que desarmar todos sus buques de guerra de la zona del mar Negro, así como la pérdida de casi todas sus bases navales en el mar Báltico, y devolver a Austria-Hungría 600.000 prisioneros de guerra.

  Alemania se había liberado por fin del yugo de luchar en dos frentes. Ahora podía centrar todos sus recursos militares, ayudados con la ingente cantidad de material y suministros capturados a los rusos, para lanzar su ofensiva definitiva sobre Francia, aquella que llevaban deseando desde el verano de 1914, desde que fueron detenidos en el Marne. Alemania estaba preparada para ganar la guerra.

Bibliografía:

  • Gilbert, Martin: La Primera Guerra Mundial. La Esfera de los Libros, Madrid, 2004.
  • Livesey, Anthony: Grandes Batallas de la I Guerra Mundial.  Editorial Optima, Madrid, 1995.
  • Mawdsley, Evan: The Russian Civil War. Pegasus Books, 2007.
  • Parker, Geoffrey: Historia de la guerra. Akal, Madrid, 2010.
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