Galípoli VI: Evacuación

  Fueron muchas las voces dentro del ejército y del gobierno que criticaron los planes de campaña de Galípoli en los días inmediatamente posteriores a los desembarcos de abril, incluso antes, cuando aún se desarrollaban los planes en enero de 1915 para forzar el paso del estrecho de los Dardanelos, muchos se mostraban reacios a la viabilidad de un plan de tamaña magnitud.

  Pero a pesar de los fracasos tras los primeros desembarcos y las batallas de Krithia, ni Churchill ni el gobierno podían mostrar ante la opinión pública que toda la campaña había sido un error, por lo que se decidió echar toda la carne al asador y realizar un último intento con la ofensiva de agosto. Pero el plan, de enormes proporciones y con objetivos muy diversos, fracasó estrepitosamente. No solo eso, sino que ahora en un frente estancado que requería de enormes cantidades de material de suministro, eran los otomanos quienes pasaban al ataque en varias posiciones del frente aliado, aunque la mayoría de acciones en el frente de uno y otro bando era el minado bajo las trincheras del enemigo, especialmente en sectores donde las trincheras estaban muy próximas, como en Lone Pine y The Nek.

  Tras la debacle del ataque ya no podía negarse que la campaña ideada por Churchill había sido un completo fracaso, se habían perdido innumerables bajas y ninguno de los objetivos iniciales se habían cumplido. Ante la inutilidad de la situación varios mandos, tanto británicos como del Anzac, enviaron varios informes a sir Ian Hamilton con diversos planes para la evacuación, ante lo que Hamilton se mostró contrario. Argumentaba que el rembarque de las tropas supondría un porcentaje de bajas del 50%.

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Evacuación en la playa W, Cabo Helles.

  Se publicaron artículos de diversos corresponsales de guerra, como el británico Ellis Ashmead Bartlett, que informaban de la situación de los soldados en Galípoli y de la nefasta gestión de los mandos militares, siendo especialmente duros con Hamilton, quien finalmente fue relevado del mando por Lord Kitchener y llamado para regresar a Londres el 16 de octubre. Por si esto fuera poco, la entrada en la guerra de Bulgaria del lado de las Potencias Centrales durante la invasión de Serbia abría una ruta directa entre el Imperio Otomano y sus aliados que facilitaba la llegada de suministros y armamento. Los aliados decidieron desembarcar tropas francesas y británicas en Salónica para apoyar a los serbios, lo que hacía muy costoso mantener dos fuerzas expedicionarias en el Mediterráneo.

Evacuación

Kitchener designó al general Charles Monro, que dirigía el 3º Ejército británico en Francia, para hacerse cargo de la fuerza expedicionaria. Entre la marcha de Hamilton y la llegada de Monro se designó al general Birwood, principal artífice de la ofensiva de agosto, como comandante en jefe. A su llegada, Monro organizó a la Fuerza Expedicionaria Mediterránea dividiéndola entre el Ejercito de los Dardanelos, formado por los británicos y el Anzac, y el Ejercito de Salónica, formado por las divisiones francesas y británicas que ya estaban siendo desembarcadas en Grecia.

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General Charles Monro.

  A comienzos de noviembre la situación de las tropas aliadas en la península comenzaba a ser preocupante. Los otomanos estaban decididos a expulsarlos y ahora tomaban la iniciativa lanzando ataques esporádicos sobre algunos sectores del frente. A esto debe sumarse la llegada del frio y de las lluvias, lo que obligó en noviembre a evacuar a unos 16.000 soldados por congelación. Si durante los desembarcos y el verano la falta de agua había sido un grave problema para los soldados, ahora el exceso de agua convertía las trincheras en pasillos embarrados.

  Monro, que a su llegada recorrió los sectores de Anzac, Helles y Suvla, recomendó que la mejor solución al problema de Galípoli era la evacuación. A este respecto Winston Churchill escribiría sobre Monro que “Llegó, vio, y capituló”. El 12 de noviembre el propio Kitchener visitó el frente de los Dardanelos, donde se reunió en numerosas ocasiones con Monro y los comandantes de los 3 sectores, quienes recalcaron una vez más la idea de la evacuación. Kitchener se mostró de acuerdo y comenzaron a desarrollarse los planes para llevarla a cabo. Como consecuencia de dicha decisión Winston Churchill fue degradado como Primer Lord del Almirantazgo, para luego dimitir en el gobierno. La carrera política de Churchill parecía haber llegado a su fin, y se alistó para participar en el frente occidental.

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Chicos griegos ante restos de soldados de la Cala Anzac en 1919.

  La evacuación debía de llevarse a cabo de manera que los otomanos no sospecharan que esta se llevaba a cabo, pues no dudarían en atacar las posiciones aliadas aprovechando la situación. Monro ordenó al teniente general Birwood, al mando del ahora Ejército de los Dardanelos, que preparara los planes para la evacuación. Este ordenó a su oficial del estado mayor, el brigadier-general australiano C.B.B. White, que diseñara y planificara el reembarque de todos los hombres en los tres sectores, Anzac, Suvla y Helles. El plan era evacuar a las tropas de manera escalonada, para no llamar la atención sobre los otomanos, que podrían lanzarse sobre los aliados en retirada en cualquier momento.

El Ingenio Anzac

  Se decidió que las primeras tropas en ser embarcadas serían las que se encontraba en la Cala Anzac y en la bahía de Suvla. Estas tropas comenzarían a ser evacuadas el 7 de diciembre. Era vital que la evacuación se hiciera de noche, poco a poco, dejando a algunos pocos soldados en las trincheras que ocupaban el frente para que los otomanos no sospecharan. Para ello, tanto los mandos como los propios soldados diseñaron una serie de artimañas para engañar al enemigo.

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Rifle de goteo.

  Una de ellas consistió en ordenar a los hombres de la primera línea permanecer en silencio durante una hora, para esperar a que los soldados otomanos, extrañados por la tranquilidad, se acercaran y fueran abatidos. Otro plan consistió en fabricar muñecos de gran tamaño que fueron colocados en las trincheras de Suvla para que los turcos pensaran que aún había un gran contingente. Pero una de las artimañas más interesantes fue la ideada por un joven soldado australiano del 7º batallón, William Scurry, quien diseñó el fusil conocido como “rifle de goteo” (self-firing “drip rifle“). El invento consistía en un rifle colocado sobre los sacos terreros con dos latas de conserva, una colocada arriba y otra abajo, la cual estaba atada al gatillo del rifle. Se llenaba la lata superior con agua que iba cayendo gota a gota sobre la lata inferior, cuando esta estaba llena se caía y disparaba el gatillo.

  Durante las siguientes 11 noches los aproximadamente 90.000 efectivos que se encontraban en la Cala Anzac y en la bahía de Suvla fueron evacuados y reembarcados sufriendo muy pocas bajas. Las últimas tropas fueron evacuadas el 20 diciembre.

  En el sector del cabo Helles los soldados aliados fueron evacuados de manera similar a como se hizo en los sectores de Suvla y Anzac, durante los primeros días de enero. Entre la noche del 8 y 9 de enero los últimos soldados aliados en Galípoli fueron exitosamente reembarcados.

Las consecuencias de la campaña

  El número de bajas fue elevado y similar en ambos bandos. Entre muertos, desaparecidos y heridos los aliados perdieron cerca de 190.000 hombres, mientras que las bajas otomanas alcanzaron los 175.000.

  En cuanto a la valoración sobre los resultados de la campaña, estos varían. La sociedad inglesa del momento, y muy especialmente la prensa, valoraron la campaña como una debacle que consumió buena parte de los hombres y recursos que podían haber sido utilizados en otros campos del conflicto, ya que en Europa la guerra no se detuvo durante ese tiempo, produciéndose intentos combates durante las ofensivas de primavera y de otoño, donde la escasez de municiones para la artillería británica se hizo sentir.

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Memorial de la Cala Anzac.

  Desde el final de la guerra han sido mucho los autores e investigadores que han valorado las consecuencias de Galípoli. En primer lugar, había que indicar que desde el punto de vista estratégico la campaña resulto un gran fiasco, pues los objetivos iniciales de la campaña: apartar al Imperio Otomano de la guerra, abrir una ruta directa con Rusia y atraer a los estados balcánicos al bando aliado no se consiguieron. Pero algunos investigadores consideran que la campaña consiguió o ayudo a defender puntos estratégicos del Mediterráneo como Egipto y el Canal de Suez, pues se obligó a los otomanos a emplear a sus mejores tropas en la defensa de los Dardanelos.

  Pero la campaña tuvo mucha importancia en Australia y Nueva Zelanda, forjándose el conocido como Espíritu Anzac, que ayudó a forjar una muestra de identidad en estos nuevos países, donde desde entonces el recuerdo de la campaña de Galípoli está presente con la celebración de Anzac Day.

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Monumento de Çanakkale.

  En el lado otomano, la campaña sirvió para encumbrar a uno de los comandantes que lucharon en Çanakkale, Mustafá Kemal, que tras la guerra y la caída del imperio se convertiría en uno de los fundadores y en el primer presidente de la República de Turquía.

Bibliografía Galípoli:

  • Desperta Ferro Contemporanea Nº 8,  “Galípol1, 1915”. Desperta Ferro Ediciones, Madrid 2015.  ISSN 2340-8820.
  • Livesey, Anthony: Grandes Batallas de la I Guerra Mundia. Editorial Optima, Madrid 1995. ISBN 84-95300-26-5.
  • Parker, Geoffrey: Historia de la guerra. Akal, Madrid, 2010. ISBN 84-460-2560-3.
  • Erickson, Edward J.: Gallipoli, The Ottoman Campaign. Pen & Sword Books, London, 2015. ISBN-13 978-1783461660.
  • Chambers, Stephen: Anzac, Sari Bair. Pen & Sword Books, London, 2014. ISBN-13  978-1781591901.
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