Ofensiva de Primavera I: Kaiserschlacht

  En marzo de 1918 el alto mando alemán tenía a su alcance aquello que había ansiado cuatro años antes en aquel verano de 1914, guerra en un solo frente. Con la rendición y retirada de Rusia de la guerra, el ejército alemán podía reunir todo su potencial militar en un solo frente, y asestar el golpe definitivo a las potencias aliadas para decantar la guerra a su favor.

Frente occidental en marzo de 1918.

  La situación de Alemania, y su aliado Austria-Hungría, tras cuatro años de guerra y de bloqueo naval, era de una gravedad extrema ante la falta de hombres, recursos y comida. El alto mando alemán, con Ludendorff a la cabeza, era consciente de que las potencias centrales no podrían soportar otro año más de guerra. Además, a pesar de la retirada de Rusia de la guerra, la entrada de Estados Unidos en el conflicto el año anterior empezaba a hacerse notar; aunque el ejército americano aún no estaba listo para combatir, y dependían de sus aliados británicos y franceses para equiparse, casi 190.000 soldados estadounidenses se encontraban ya en suelo europeo. Para Ludendorff, como para el resto de los generales, quedó patente la idea de que era ahora o nunca cuando debía hacerse el último intento para ganar la guerra, o bien, el de quedar en una posición ventajosa para negociar un tratado de paz.

Recuperar la iniciativa

  A finales de febrero y comienzos de marzo, las divisiones del extinto frente oriental, el material y las piezas de artillería (incrementadas ahora tras la captura de cientos de piezas rusas) comenzaron a llegar al frente occidental. La idea de Ludendorff era atacar las posiciones entre los ejércitos británicos y franceses con todo lo que tenía, a fin de crear un espacio entre ambos, aislar a los británicos en el norte, capturar los puertos del Canal de la Mancha, y dejar el camino abierto hacia París. Todo esto debía hacerse antes de que los estadounidenses pudieran ser una fuerza totalmente operativa. La ofensiva se fijó para la última semana de marzo. Sería la primera vez que los alemanes tomaran la iniciativa en el frente occidental desde la ofensiva de Verdún, dos años antes.

Soldados alemanes sobre un carro de combate A7V. Foto del German Federal Archive.

El 9 de marzo comenzó la fase preliminar de la ofensiva, con una serie de bombardeos de artillería a lo largo de todo el frente que duraría varios días. En Ypres y Saint-Quentin las tropas británicas, canadienses y australianas fueron especialmente castigadas con intensos bombardeos de gas. Se lanzaron medio millón de granadas de gas, que en total liberaron más de mil toneladas de gas mostaza y gas fosgeno.

  El objetivo de este bombardeo a lo largo de todo el frente era no dar pistas de por donde vendría el golpe principal de los alemanes, pues el alto mando aliado era consciente desde enero de que estos realizarían una importante ofensiva, pero desconocían donde. Ludendorff planeó un ataque en 4 etapas sucesivas con la idea de separar a las tropas británicas de sus aliados franceses y aislarlos en el norte. En Saint-Quentin era donde las líneas británicas y francesas se conectaban, y donde Ludendorff daría su golpe principal.

Todo o nada

  El general alemán consiguió engañar al alto mando aliado, dando la impresión de que su ataque principal iba a producirse mucho más al sur, sobre las unidades del III ejército francés, que había sido desplazado varios cientos de km al sur. Pero en realidad el ataque principal iba a ser sobre las unidades del V ejército británico del general Gough. Esta primera fase de la ofensiva recibió el nombre en clave Michael. En el sector comprendido entre Saint-Quentin, Arras y la Fère, Ludendorff había reunido una fuerza militar extraordinaria, la mayor realizada por los alemanes en la guerra, 72 divisiones divididas en 3 ejércitos que conformaban el Grupo de Ejércitos del Príncipe Heredero Guillermo: el XVIII de von Huttier, el XVII de von Below y el II de von der Marwitz. Estas unidades habían sido entrenadas con nuevas tácticas de combate, como el uso de las cortinas de la artillería, el desplazamiento rápido en pequeñas unidades y en el uso de ametralladoras ligeras y morteros.

Tropas del V ejército británico en retirada.

  El XVII y el II ejército debían atacar al norte del sector, sobre el saliente de Flesquières, formado tras la batalla de Cambrai. Von Below se dirigiría hacia Bapaume y von der Marwitz marcharía en dirección a Péronne. Mientras, más al sur, el XVIII ejército, recién llegado del frente oriental, debía concentrar su ataque principal sobre Saint-Quentin, en dirección a Ham, con el objetivo de dividir al ejército británico del francés. Una vez alcanzados sus objetivos, los 3 ejércitos virarían hacia el norte para aislar a los británicos de sus aliados franceses y arrinconarles en los puertos del Canal, quedándoles como única alternativa la retirada hacia Gran Bretaña. Si el ejército alemán lo conseguía, los franceses, viéndose solos en el continente, se rendirían, o eso pensaba al menos el alto mando alemán.

  En el sector elegido para el ataque se encontraban las unidades del flanco derecho del III ejército del general Byng, y el V del general Gough. A pesar de que los aliados esperaban una ofensiva alemana desde hacía unos meses, las posiciones de este sector no se encontraban del todo preparadas. El V ejército británico se había visto obligado a extender sus líneas para ocupar las posiciones del VI ejército francés de Duchesne, que había tenido que reorganizar y concentrar sus tropas debido a la falta de personal en todo el ejército francés.

Michael

Sector del ataque del 21 de marzo.

  A las 4:40 de la madrugada del 21 de marzo, una impresionante fuerza de artillería formada por 6.000 cañones pesados y más de 3.000 morteros, comenzaron a castigar las posiciones británicas. En el aire, 326 cazas despegaban de sus aeródromos para lograr la superioridad aérea sobre los 216 cazas británicos. Durante 5 horas la artillería alemana lanzó más de 3 millones de proyectiles. Antes de que el bombardero cesara, a las 6:15, las primeras unidades alemanas, pertenecientes al XVIII ejército comenzaron su ataque, logrando atravesar las posiciones aliadas en La Fère, estableciendo una cabeza de puente sobre el rio Oise.

  A las 9:40 los soldados de los 3 ejércitos alemanes, 65 divisiones, salieron de sus posiciones. Mientras que las divisiones del XVII y el II ejército se vieron frenados por las defensas británicas, el XVIII logró avanzar rápidamente. El V ejército británico se vio superado por todos los lados. A las 2 de la tarde las defensas al sur de Saint-Quentin se rompieron, y al finalizar el día los hombres del XVIII ejército habían realizado avances de más de 7 km en varios puntos del frente y capturado más de 20.000 soldados británicos. El V de Gough  se había desintegrado ante el arrollador empuje alemán, y en muchos sectores de su línea de frente se habían visto obligados a retroceder hasta sus últimas posiciones.

Soldados alemanes transladando un mortero de 21 cm Mörser 16 cerca de Ham.

  A pesar de los éxitos logrados, la ofensiva alemana no se estaba desarrollando de la manera que Ludendorff había esperado. Las unidades del XVII y el II ejército apenas habían podido avanzar unos pocos kilómetros. Esto se debía a que Haig había colocado el grueso de la BEF al norte, con la idea de proteger los puertos del Canal ante una posible ofensiva enemiga. Mientras que el avance del XVIII se consideraba exitoso, lo cierto es que en el plan original este ataque era más bien considerado un simple ataque de apoyo para garantizar el éxito de las unidades de los otros dos ejércitos alemanes más al norte. El objetivo principal de ese día, la eliminación del saliente de Flesquières, no se había conseguido.

  Ante esta situación, Ludendorff comenzó a dudar de si seguir con el plan original o aprovechar los éxitos conseguidos ese primer día por el XVIII ejército. Optó por la segunda opción, lo que a la postre se mostraría como el mayor error de calculo de Ludendorff, y decisivo en el devenir de la batalla, y de la guerra.

Uno de los 3 “Cañones de París” siendo montado.

  Durante los días siguientes las tropas alemanas prosiguieron con su avance, explotando ahora los avances del XVIII ejército. El segundo día de la ofensiva los alemanes tomaron Cambrai. El 23 de marzo 3 grandes cañones, transportados sobre raíles, se emplazaron en Crépy-en-Laonnoise, a 120 km de París, y comenzaron a lanzar proyectiles sobre la capital francesa. El día siguiente los alemanes lograron cruzar el rio Somme, y el 25 abrieron una brecha entre el ejército británico y el francés, capturando Bapaume y Noyon.

  El 26 de marzo Haig, resuelto a retirar sus tropas hacia el norte, solicitó una reunión del alto mando aliado que se celebró en Doullens. El mariscal Foch, nombrado comandante en jefe de las fuerzas aliadas, ordenó a Pétain que empezara a enviar refuerzos franceses para apoyar al V británico. El día 27 el XVIII ejército alemán seguía avanzando, acercándose a Amiens, y formando un saliente al sureste de la ciudad, los soldados franceses del I y del VI ejército lograron detener a los alemanes en Montidier y al sur de Noyon.

Oficiales alemanes inspeccionando una trinchera enemiga. Foto del German Federal Archive.

Gough, que había hecho todo lo que estaba en su mano para evitar la aniquilación de sus hombres ante un enemigo notoriamente superior en número, fue destituido de su mando el día 28. En esa misma jornada, Ludendorff ordenó a von Huttier que virara hacia el norte con su XVIII y atacará Amiens, ciudad que en el plan inicial debía ser capturada por el II ejército. Amiens era clave para la defensa del sector, pues era un punto logístico de las defensas británicas (casi la totalidad de los suministros británicos desembarcados en los puertos del Canal pasaban por Amiens). Los alemanes se encontraron con una dura resistencia, gracias especialmente a los refuerzos franceses que no paraban de llegar. El ímpetu de la embestida alemana comenzaba a resquebrajarse, y los aliados pasaron incluso a la ofensiva, con un potente contraataque por parte de británicos, canadienses y australianos el 30 de marzo, que expulsó a los germanos del bosque de Moreuil.

  El 4 de abril los alemanes lanzaron 15 divisiones en una nueva ofensiva para capturar Villers-Bretonneux, pero según fue transcurriendo el día se vieron obligados a retroceder ante la dureza del combate.

Un momento de respiro.

  Al día siguiente, ante la imposibilidad de alcanzar Amiens, Ludendorff ordenó el cese de los ataques. Era el momento de centrarse en un nuevo objetivo distinto para desarrollar los próximos ataques. El príncipe Ruperto escribió en su diario: “EL resultado final del día es el hecho desagradable de que nuestra ofensiva se ha detenido por completo y que continuarla sin unos preparativos cuidadosos no promete ningún éxito”.

  A pesar de este revés, los alemanes estuvieron muy cerca de conseguir su objetivo de darles un duro revés a los aliados. Las ganancias de terreno fueron superiores a todas las realizadas por británicos y franceses en el frente occidental desde el comienzo de la guerra, llegando en algunos puntos a profundizar casi 60 km. Los aliados sufrieron cerca de 250.000 bajas, entre ellas 90.000 soldados británicos capturados, así como la pérdida de 1.300 piezas de artillería. Por su parte los alemanes también sufrieron un alto número de bajas, 240.000.

  Es posible que de haber logrado ocupar Amiens, el resultado de la ofensiva hubiera sido completamente distinto, pero lo cierto es que Ludendorff no se había percatado de la importancia de este punto estratégico. Ahora los alemanes, pese a contar aún con la iniciativa, se encontraban en una posición muy vulnerable.

Bibliografía:

  • Desperta Ferro Contemporanea Nº 26,  “Kaiserschlacht, 1918”. Desperta Ferro Ediciones, Madrid 2018.  ISSN 2340-8820.
  • Gilbert, Martin: La Primera Guerra Mundial. La Esfera de los Libros, Madrid, 2004.
  • Livesey, Anthony: Grandes Batallas de la I Guerra Mundial.  Editorial Optima, Madrid, 1995.
  • Parker, Geoffrey: Historia de la guerra. Akal, Madrid, 2010.
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