“Caballeros, lucharemos en el Marne”. La victoria que salvó a Francia.

  En la historia de todos los conflictos humanos, hay algún momento decisivo o una batalla que suele marcar un punto de inflexión en cualquier guerra, y en el caso de la Primera Guerra Mundial quizás la batalla del Marne fue uno de esos momentos. Como veremos a continuación, esta batalla supuso el fin del Plan Schlieffen; acabó con las posibilidades de una victoria rápida y de una guerra que debería durar apenas unos meses. Pero la victoria del Marne supuso también la salvación de Francia, de ahí que generalmente al referirse a dicha batalla se la nombre como el Milagro del Marne. Pero  este milagro no fue tal, la derrota alemana se produjo por una serie de aciertos y errores, cometidos por uno y otro bando, que serían determinantes.

Von Kluck cambia de dirección.

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General Alexander von Kluck.

  Tras los enfrentamientos en San Quintín, Le Cateau y Guisa, británicos y franceses proseguían con su repliegue, buscando una nueva línea en la que detenerse y pasar de nuevo a la ofensiva. Mientras esto ocurría, Von Kluck, el último hombre de la derecha alemana, cuyos hombres debían “rozar con su manga el Canal de la Mancha” según el Plan Schlieffen, pensaba que estaba persiguiendo a un ejército derrotado y que huía en desbandada. Según sus informes, había derrotado al VI Ejército de Maunoury que ocupaba el ala izquierda aliada, los británicos se retiraban precipitadamente dejando atrás parte de su material militar, y Von Bülow le informaba en su izquierda que había derrotado a los franceses del V Ejército y que estos se retiraban. Todas estas noticias le dieron a Von Kluck la impresión de la derrota total de los aliados.

  También la dirección en la que se retiraban la BEF (Fuerza Expedicionaria Británica) y el V Ejército francés le indicaban a Von Kluck que la línea enemiga no se extendía tan al oeste como pensaba el alto mando, por lo que podría obviar sus planes originales, que suponían rodear París por el oeste y el sur, sino que podría acortar sus líneas para flanquear a los franceses al este de París, cubriendo de esta manera la brecha de veinte millas que se había abierto entre su ejército y el de Von Bülow cambiando  la dirección de su marcha.

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Soldados alemanes marchando agotados.

  Aunque la gran mayoría de los generales alemanes estaban convencidos de la mala situación de los franceses y de la inminente victoria, Moltke no se mostraba tan seguro. El comandante en jefe se preguntaba si realmente los ejércitos enemigos habían sido rotundamente derrotados “¿Por qué tan pocos prisioneros?”. El general también estaba muy preocupado por las brechas abiertas en todos sus ejércitos, la amenaza de los rusos en el este, y los continuos informes que llegaban de movimiento de tropas francesas en el frente de Lorena. Además la situación de los ejércitos alemanes del ala derecha no era del todo buena. A la falta de refuerzos y las brechas abiertas había que sumarle la fatiga de sus soldados, que marchaban grandes distancias cada día, y a la cada vez más acuciante falta de suministros, pues las líneas alemanas se encontraban al límite de su capacidad y extensión.

  A pesar de todo esto, Von Kluck se vio resuelto a llevar a cabo su cambio de dirección, sobre todo después de la intercepción de un mensaje de John French que informaba de la retirada de la BEF. Igualmente Von Bülow le solicitaba que marchara hacia el interior para aniquilar al V Ejército francés. El 31 de agosto el cuartel general alemán dio su conformidad al cambio de dirección, creyendo que perseguían a un ejército derrotado. El Plan Schlieffen había tocado a su fin.

Gallieni se prepara.

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General Joseph Gallieni, el defensor de París.

  La idea de Joffre de fortificarse en el Somme había fracasado, los ejércitos franceses proseguían con su retirada y debía buscarse una nueva posición en la que formar un frente para pasar a la ofensiva. Se necesitaba un nuevo plan. El 1 de septiembre se dictó la orden general número 4, que establecía que el III, IV y V Ejércitos se retiraran hasta la línea del Sena, desde donde se lanzaría una ofensiva sobre el centro alemán. El VI Ejército de Maunoury, que ocupaba el ala izquierda, se retiraba ahora hacia París para formar los cuerpos que tan fervientemente solicitaba Gallieni “No estamos en condiciones de resistir […]. El general Joffre debe comprender que si Maunoury no puede resistir, París tampoco podrá hacer frente al enemigo. Han de ser incorporados tres cuerpos activos a las fuerzas del campo fortificado”. Tras este mensaje Joffre telefoneó a Gallieni y le informó que colocaba al VI Ejército bajo sus órdenes. Pero Joffre no tenía intención de perder el mando de dichas fuerzas, y solicitó al ministro de guerra que pusiera el campo fortificado de París bajo sus órdenes. Por lo tanto había ahora tres mandos distintos que operaban en la zona, Gallieni, Joffre y French.

  Al anochecer del 1 de septiembre, el capitán Fagalde, del V Ejército, encontró una maleta junto al cadáver de un oficial al alemán que contenía las órdenes de avance para todos los cuerpos de Von Kluck. Dichos informes dejaban claro que su intención era la de pasar por el este de París, entre el VI y el V Ejército para rebasar su flanco. Pero dicha información no le fue comunicada a Gallieni. Esa misma noche el gobierno decidió abandonar París, dejándole a Gallieni la orden de defender París “á outrance.

Tropas francesas marchando al frente.
Tropas francesas marchando al frente.

  Para el 2 de septiembre los británicos habían llegado al Marne y el V Ejército les seguía con un día de retraso. El 3 de septiembre Joffre decidió que la retirada continuaría durante unos días más para que pudieran llegar los refuerzos del ala derecha y pasar a la ofensiva “Dentro de pocos días”.

  El 3 de septiembre, en el cuartel general de Gallieni, dos aviadores en misión de reconocimiento informaron del movimiento de las columnas de Von Kluck de oeste a este. El general Clergerie, jefe del estado mayor de Gallieni no podía creer la oportunidad que tenían ante ellos y al observar el mapa donde se mostraban los movimientos enemigos exclamó “¡Nos presentan su flanco! ¡Nos presentan su flanco!”.

  Gallieni, incrédulo, afirmó “Es demasiado hermoso para ser cierto”. Vio la gran oportunidad que se le presentaba y decidió pasar al ataque, pero para ello necesitaba el consentimiento de Joffre y el apoyo de los británicos en su flanco derecho. Para conseguirlo, Gallieni decidió esperar a la mañana siguiente, y si el movimiento de Von Kluck seguía siendo el mismo presionaría a Joffre para pasar al ataque. Esa misma noche el ejército de Von Kluck alcanzaba la línea del Marne con sus tropas agotadas, justo por detrás del V Ejército francés, al que Kluck consideraba totalmente derrotado.

“Caballeros, lucharemos en el Marne”.

  Ese mismo día Joffre tomó la decisión de sustituir a Lanzerac al mando del V Ejército y nombró en su lugar al general Franchet d’Esperey, comandante del I Cuerpo, general muy enérgico que demostró su carácter el primer día del mando, cuando el comandante del XVIII Cuerpo pidió permiso para detenerse y que sus tropas descansaran; D’Esperey le contestó: “Oiga, soy el general D’Esperey. He asumido el mando sobre el V Ejército. No quiero más discusiones. Emprenderá la marcha; marchará o morirá”.

Soldados franceses esperando un ataque.
Soldados franceses esperando un ataque.

  Para el 4 de septiembre reinaba una situación de inquietud en el cuartel general alemán. El momento culminante de la campaña, la victoria sobre Francia estaba próxima, o eso pensaban. Todos salvo Moltke, el cual veía todo sin hacerse vanas ilusiones, y preocupado por el flanco que Kluck exponía hacia París. Se dictaron órdenes para que los tres ejércitos del ala derecha siguieran con su marcha y actuaran contra cualquier acción enemiga en el sector, pensando ya en el peligro que se cernía.

  Ese mismo día Gallieni informaba al general Maunoury de su intención de atacar, y le instaba para que sus tropas estuvieran preparadas para lanzar un ataque hacia el este de París. Telefoneó al cuartel general de Joffre para informar de su intención de atacar el flanco de Kluck para el 6 de septiembre, al norte del Marne. Joffre se encontraba ante una difícil situación. Telefoneó tanto a D’Esperye como a Foch, al mando ahora del IX Ejército que se encontraba frente a Bülow, para saber si estaban en condiciones de pasar a la ofensiva, a lo que contestaron respectivamente: “Mi ejercito puede pasar al ataque el 6 de septiembre, pero no está en perfectas condiciones”, y “Listo para el ataque”. Joffre mandó que se dictaran las nuevas órdenes de batalla.

  Esa misma noche se recibía un mensaje de John French; la BEF se negaba a ratificar el plan francés. El 5 de septiembre Gallieni ordenó a Maunoury que comenzara con la marcha y se encontraron con el IV Cuerpo de la reserva alemana que defendía el flanco alemán en el Marne. Tanto Gallieni como Joffre sabían que necesitaban la colaboración de la BEF. Esa misma tarde Joffre se reunió en Melun con John French y le persuadió para colaborar: “Monsieur le Maréchal, ¡el honor de Inglaterra está en juego!”. French intentó decir algo en francés, pero no supo hacerlo: “Maldita sea, no se decirlo. Dígale que haremos todo lo que esté en nuestras manos”.

  Contando con el apoyo de los británicos Joffre regresó a su cuartel general e informó a sus oficiales: “Caballeros, lucharemos en el Marne”.

El Milagro del Marne.

  Por primera vez desde que estalló la guerra, Joffre contaba con superioridad numérica frente a los alemanes, de la cual no había podido gozar durante las Batallas de las Fronteras. El objetivo principal era atacar el flanco desprotegido de Von Kluck, presionar el centro enemigo con el V y el IX Ejército y esperar poder explotar las brechas que se produjeran en la línea alemana con la colaboración de las fuerzas británicas.

Los taxis de París.
Los taxis de París transportando soldados al frente.

  El 6 de septiembre, tras los choques del día anterior en su flanco, Kluck fue consciente de la terrible amenaza que se cernía sobre su ejército, por lo que se vio obligado a ordenar un giro para enfrentarse a la amenaza que provenía de París, abriendo una importante brecha entre su ejército y el de Von Bülow. El objetivo de los alemanes era sobrepasar los dos flancos del ejército francés y se lanzaron a ello. Para el 7 de septiembre la situación del ejército de Maunoury era crítica, pero se salvó cuando llegaron los refuerzos del IV Cuerpo. Seis mil soldados de ese cuerpo fueron transportados al frente en los taxis parisinos, que habían sido requisados en su totalidad por Gallieni. Si bien el peso de esta acción no tuvo una mayor relevancia en el desarrollo de la batalla, el uso de los taxis quedó para siempre en la historia y significaba un nuevo modo de hacer la guerra, una guerra total en la que todo el mundo debía contribuir.

Batalla del Marne.
Mapa.

  Mientras tanto, en el ala derecha alemana, Foch aguantaba con dificultad al ejército de Hausen y parte del de Von Bülow “¡Atacad pase lo que pase! Los alemanes se encuentran al límite de sus fuerzas […]. La victoria será para el bando que resista más”. El V Ejército rechazó el ala derecha de Von Bülow. Ahora preocupaba el hueco que se había abierto entre Kluck y Bülow. Columnas del V Ejército y de la BEF, unos 20.000 hombres en total, marchaban en dirección hacia la brecha para flanquear a los ejércitos alemanes.

  El 8 de septiembre Moltke se hundía en su sillón en el cuartel general. Ordenó al teniente coronel Hentsch de su estado mayor que recorriera los centros de mando y comprobara si los británicos habían cruzado el Marne. Cuando la confirmación le llegó a Moltke, ordenó el 9 de septiembre la retirada de Kluck y Bülow al rio Aisne. Los alemanes habían sido derrotados, pero los aliados no aprovecharon la oportunidad al moverse lentamente y no perseguir de inmediato al enemigo en retirada.

  La derrota alemana en el Marne supuso el fin de las posibilidades alemanas de lograr una rápida victoria. Son muchas las razones que se han dado para argumentar la derrota alemana; los escasos refuerzos, los cuerpos destinados al este, haber aumentado el número de efectivos en el frente de Lorena, la extensión de los suministros, y sobre todo el haber estado confiados en que estaban persiguiendo a un ejército derrotado. Cuenta la leyenda que tras la batalla del Marne, Moltke informó al Káiser el 10 de septiembre “Majestad, hemos perdido la guerra”.

  Tras el Marne, llegó la retirada hacia el Aisne, la carrera hacia el mar para ocupar los puertos del Canal, la batalla de Ypres, y con la llegada del invierno llegó la construcción de las trincheras y el comienzo de la guerra de posiciones.

Bibliografía recomendada:

  • Hastings, Max: 1914, El año de la catástrofe. Crítica, Madrid, 2013.
  • Livesey, Anthony: Grandes Batallas de la I Guerra Mundial. Editorial Optima, Madrid, 1995.
  • MacMillan, Margaret: 1914: De la paz a la guerra. Turner, Madrid, 2013.
  • Parker, Geoffrey: Historia de la guerra. Akal, Madrid, 2010.
  • Tuchman, Barbara W.: Los cañones de agosto: treinta y un días de 1914 que cambiaron la faz del mundo. RBA Libros, Barcelona, 2012.
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